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hasta pronto
(Ciudadela Tokio. ubicada en la ciudad de Pereira-Colombia) Sandra es una joven afrodescendiente que pasa los días de su vida, año y medio para ser más exactos, en la “Ciudadela Tokio” de la ciudad de Pereira. “Tokio” es uno de esos planes de vivienda de interés social, lugares construidos por el gobierno para “dignificar, arrinconar…olvidar” la vida de la población más vulnerable, o como se decía antes de disfrazar el lenguaje, marginados sociales. Sitios que se parecen más a pequeñas villas, donde el olvido y el silencio parecen ser a primera vista, sus imperativos categóricos, que a barrios donde la esperanza y la vida se constituyan como elementos renovadores de las familias que las habitan.
Por: Raúl Gutiérrez Caro.
(Antiguo asentamiento, invasión Bosques del Otún. Hoy por hoy no existe, todos sus habitantes fueron reubicados, su gran mayoría a la Ciudadela Tokio) Entre calles polvorientas, niñas y niños corren descalzos y calzos, en todos los colores, tamaños y olores. En casas, amontonados estudiando o en las calles aprendiendo lo que es la vida. Lavando busetas, o mirando, simplemente, cómo se mata o se gana el día. Es en éste lugar donde ella, comparte su vida con sus amigos y amigas, realizando diferentes actividades, tratando, quizás, de encontrarle a su existencia un sentido nuevo en un nuevo lugar, una nueva razón para vivir, una nueva pasión a la cual aferrarse. Para esto, se dedica en hacer teatro con la Corporación Déjalo ser o componiendo canciones de rap para la catarsis personal, actividades que se encuentra dentro de su itinerario cotidiano. Siempre buscando algo que mueva su ser. De su barrio dice: “Tokio es un barrio…bonito, las casas son más dignas que las que teníamos antes. Pero como se ha ganado algo se ha perdido mucho. La gente es más desunida, menos comprensiva de la situación del otro, ese otro que ya es desconocido, ausente. Además, hace falta un colegio más grande, un puesto de salud en el barrio; son cosas materiales, pero con un buen rebusque, se pueden conseguir. Pero lo que si nos puede matar es la indiferencia, esa indiferencia que ya es conocida entre nosotros.” Ella como muchos de lo/as jóvenes que viven en Colombia, son las generaciones que han vivido la diáspora por el conflicto social y armado. La evidencia de la separación entre la cultura del campo y la de la ciudad. Jóvenes con más de 40 años de herencia olvidada a consciencia por un Estado y un sistema amnésico. Pero ella, como muchos otros, tiene algo que decir, una memoria por contar, una opinión y un juicio que dar. Al recordar su niñez, en su rostro se dibuja una cálida sonrisa de recogimiento y felicidad, no es una felicidad hiperestésica como la que se construye en los medios, tan prefabricada como nuestra sociedad consumista. No, es una sonrisa desconocida, una sonrisa en vía de extinción, ya que en su interior trae inmanente la tranquilidad. “No es lo mismo ser joven o niño en el Choco, allá se es más responsable con la familia, se trabaja la tierra, se escucha a los viejos, se es buen vecino con los demás. Además, en el Choco ser joven es salir a pescar al río con los amigos. No se le oculta nada a nadie, hay de todo en abundancia, nadie aguanta hambre” en su Choco vuelven a la memoria las grandes bonanzas que otorga la tierra a la gente que vive en ella. Un lugar de Borojo y Chontaduro en abundancia. Mumbu, un sitio que la vio crecer junto con su familia y amigos. Mumbu, un lugar donde ella creía que pasaría el resto de su vida. Pero la historia le tenía pensado otro rumbo para su familia y para su vida. Al contrastar su vida de infancia y parte de su adolescencia, con los hechos ocurridos de su presente. Su conocimiento de la vida, ese proceso del apalabrar la existencia para encontrarle sentido, de instaurar una memoria frente a una historia amnésica que se niega hacerla visible, Sandra, reconoce en el conflicto social, en la guerra sin comienzo ni fin, las bases de un sufrimiento que padecen todas las clases de la sociedad. Un conflicto fratricida que nos desangra y nos condena al sufrimiento en la orfandad. En este sentido, lo percibe como la falta de oportunidades históricas que han tenido la gran mayoría de los colombianos y colombianas, especialmente los Afrocolombianos, Indígenas y Campesinos. Los histórica, económica y cultualmente olvidados y marginados, que frente a un país de fuerte raigambre agraria, se ha urbanizado por medio de la violencia estructural que trae consigo el tan anhelado progreso. El ostracismo al que se ven sometidos, aceptado de manera cómplice por el Estado, la ley y la misma sociedad, los convierte en emigrantes en su propia tierra, cambiando sus comportamientos y percepciones construidos históricamente, readaptándose en el vacio de la ciudad. “Uno se tiene que salir de su tierra que le brinda todo para que uno pueda vivir. Al llegar a la ciudad se debe de sobrevivir en lugares donde no se tiene la experiencia, el saber para hacerlo ya que uno, la que tiene, le sirve para estar en el Choco. Estar en Pereira significa enfrentarse a retos a cosas que uno no conoce: cómo funciona el trasporte público, los ascensores. A conocer la civilización, que no está hecha para nosotros. Por lo demás el negro se convierte en resentido, lo étnico en el negro sale a flote como una forma de defensa, se convierten en racistas por miedo”. Lo que Sandra reconoce en su percepción, es el embate del progreso que se encuentra arraigado en nuestras ciudades en continua renovación. Una renovación que deja en desventaja a aquellos que no practiquen su religión. El vacio continuo, rápido, que sólo encuentra su sentido, en el sin sentido del evolucionismo social que nos promete el progreso. Obsesionado en engullir a quienes ingenuos, al salir expulsados de sus santuarios originarios, donde la ideología del bienestar e instituciones no entran sino a punta de violencia, obligados a ser devorados por la ilusión de la fortuna en la ciudad. Al suceder esto, la percepción y la valoración que se da por la vida, se transfigura en el sufrimiento el cual todos podemos experimentar como víctimas. El valor de la vida, tanto de la propia, como de la cercana, llena la palabra de un sentido que se convierte en trascendente. La importancia del ser próximo, que el propio acontecer doloroso naturaliza, pero que a la hora de tocarle sentir la ausencia se le dimensiona en su presencia vital, transformando la forma en que se le aprecia, reconociendo la humanidad inherente a todos. Es la enseñanza de la barbarie la que no debe de ser trasmitida nunca más desde la eliminación física y la vivencia individual. Es la experiencia del horror y del sufrimiento que no debe de repetirse jamás “El solo hecho de que, por el conflicto te maten a un ser querido, uno queda sin esa persona. Uno crece sin la orientación, y más si es el padre o la madre, uno queda a la deriva, se siente desorientado. Terminas metido en cosas en las que uno no tiene nada que ver. Inocentes caen sin saber que está pasando. Yo, ni siquiera tengo claro el comienzo del conflicto en Colombia, pero se sufre de las consecuencias. Se ve a las madres llorando en silencio, familias enteras empacando sus pocas cosas en maletas, afanadas para que no las maten”. La oportunidad de vivir vuelve a renacer y la solidaridad de los pueblos regresa a su retorno, encontrando en su camino, a diferentes personas que en un momento de la vida, escogieron, a la fuerza, otra vía para andar. En la ciudad de Pereira se conjugaron en una encrucijada llamada “bosques del Otún”. Una de tantas invasiones a las que se ven sometidos a repoblar en territorios que se encuentran en los bordes de la legalidad para ellos y de la ilegalidad para el Estado, la oportunidad para rehacer su vida, llegando a simular el candor de su lugar originario, es la calidez construida de manera virtual en el vacío y desesperación de la ciudad “cuando llegamos a la invasión en Bosques del Otún, todo era muy similar al Choco, la forma en que estaban construidas las casas, las calles, la gente, todo era similar. Por esto se vivía un aire de que se estaba en la tierra de uno y de esa manera no fue tan duro” lugar que se encuentra en el olvido de la ley, pero continua en la memoria de Sandra y demás personas que recrearon virtualmente en ese espacio y tiempo, su lugar de origen. Ello/as han sido reubicados a “Tokio”, lugar que llena las expectativas de lo legal para el Estado y la ley, como un lugar “digno” para continuar su vida. Es entre el polvo y el color marrón donde se continúa la reflexión. Entre este trasegar de su vida, entre el abandono y olvido, puede avisar una importante franja de seres humanos que participa en la solución a tan cruento conflicto. Es reconocer el potencial transformador que tenemos todos los sujetos, que al darnos cuenta de nuestra precaria situación podemos cambiarla. Siendo para ella los sujetos organizados y los movimientos sociales, las puntas de lanza en esta época que urge de transformación “Yo los veo como los mediadores para construir un futuro mejor. Son locos, son personas que piensan en las personas. Los escuchan y contribuyen, para que se construya la gente en mejores personas, sean críticos y puedan realizar su proyecto de vida, encontrándose en alguno de estos sitios como sujetos trasformadores. Quieren cambiar el mundo para que se convierta en un lugar más bonito, donde se dejemos de llorar por los seres queridos y la risa vuelva nuevamente”. Ella, como a muchos jóvenes a los que les ha tocado insertarse en la ciudad, siendo conscientes del conflicto social, cree en los sueños para el camino hacia la reconciliación y la justicia a aquellos quienes encarnan en su ser las consecuencias del conflicto social, partiendo desde una iniciativa que involucre a de toda la sociedad “Yo personalmente estoy de acuerdo con el intercambio humanitario como un primer paso, que todo sirve para evitar el derramamiento de sangre. La gente sale a la calle a protestar, las familias se preguntan por sus seres queridos, desaparecidos, muertos o secuestrados, ya se muestra el interés de las personas para superar el pasado, es mirar de que se canso el pueblo de soportar. Aunque se vea la violencia por todas partes, en los barrios, las calles y las casas, debemos de seguir buscando como nos unimos para buscar una verdadera solución”. Con estas palabras llenas de esperanza termina mirando hacia el horizonte de su barrio, de calles polvorientas y diversidad por todos los rincones que se mire, sus ojos brillan resplandecientes, en silencio, con su rostro pensativo.
Crónica escrita por Raúl Gutiérrez, Etnoeducador de la U.T.P. Para el periódico Le Monde Diplomatique edición Colombia, junio de 2008
Fotografías de Milena Gutiérrez
Se publican a continuación imagenes del edificio sede del fantástico Museo Mitico Tecnológico y de arte contemporáneo de la ciudad de Pereira; así como algunas imagenes de Oscar Salamanca y Milena Gutiérrez en la ardua labor de pegoteros de los carteles alusivos a la gran sociailización del Museo para toda la sociedad pereirana.
Ubicación: junto a la Facultad de Bellas Artes y Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereria en Colombia.
Pieza más importante:
cráneo de niño ciclope
Aspectos de la obra en construcción del Museo TECMIT en Pereira Colombia
para mayor información sobre la ubicación, historia y colección básica del Museo TECMIT por favor consultar
http://museotecmit.blogspot.com/2008/05/museo-tecmit-desafio-del-mito-en-la.html
La Liga Internacional de los Derechos del Animal adoptó en 1977 y proclamó el 15 de octubre de 1978 la siguiente Declaración Universal de los Derechos del Animal, posteriormente aprobada por la UNESCO y por la ONU.
PREÁMBULO
-Considerando que todos los animales poseen derechos.
-Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de estos derechos han llevado y llevan al hombre a cometer atentados contra la naturaleza y contra los animales.
-Considerando que el reconocimiento por la especie humana del derecho a la existencia de otras especies animales constituye el fundamento de la coexistencia de las especies de todo el mundo.
-Considerando que los genocidios son perpetrados por el hombre y amenazan con seguir produciéndose.
-Considerando que el respeto a los animales por el hombre es vinculante al propio respeto entre los hombres.
-Considerando que la educación ha de proporcionar en la infancia la observación, comprensión, respeto y afecto con respecto a los animales.
PROCLAMAMOS LO SIGUIENTE
Artículo 1
Todos los animales nacen iguales ante la Vida y tienen los mismos derechos a la existencia.
Artículo 2
a. Todo animal tiene derecho al respeto.
b. El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a otros animales, o de explotarlos violando este derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales.
c. Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.
Artículo 3
a. Ningún animal será sometido a malos tratos ni actos de crueldad.
b. Si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no comportará angustia alguna para la víctima.
Artículo 4
a. Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático, y a reproducirse.
b. Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.
Artículo 5
a. Todo animal perteneciente a una especie viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y libertad que sean propias de su especie.
b. Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el hombre con fines mercantiles es contraria a este derecho.
Artículo 6
a. Todo animal que el hombre ha escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural.
b. El abandono de un animal es un acto cruel y degradante.
Artículo 7
Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.
Artículo 8
a. La experimentación animal que implique un sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales, o de cualquier otra forma de experimentación.
b. Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas.
Artículo 9
Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que ello resulte para él motivo de angustia o dolor.
Artículo 10
a. Ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del hombre.
b. Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal.
Artículo 11.
Todo acto que implique la muerte del animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.
Artículo 12
a. Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie.
b. La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.
Artículo 13
a. Un animal muerto debe ser tratado con respeto.
b. Las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión, salvo si ellas tienen como fin el dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.
Artículo 14
a. Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben estar representados a nivel gubernamental.
b. Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, como lo son los derechos del hombre.
Artistas participantes
Adelina Maioli (Brasil) / Adriana Cora (Argentina) / Adriana de Luca (Brasil) / Aglaé Machado de Oliveira (Brasil) / Agnieszka Boron´ (Polônia) / Alda Fabris (Brasil) / Alejandra Menduiña (Argentina) / Alexandra Drenth (Holanda) / Alexandra Eckert (Brasil) / Amalia Dib (Brasil) / Ana de Orbegoso (Estados Unidos) / Ananda Kuhn (Brasil) / André Venzon (Brasil) / Angela Zaffari (Brasil) / Ariel Resendiz (México) / Arlete Santarosa (Brasil) / Astrid Maria Grehs (Brasil) / Barbara Scotch (Estados Unidos) / Beatriz Dagnese (Brasil) / Beatriz Gómez (Colômbia) / Beth Fiori (Brasil) / Bianca Araujo (Brasil) / Bina Monteiro (Brasil) / Blanca Brites (Brasil) / Brian Cunning (Irlanda do Norte) / Carmen Adegas (Brasil) / Carmen Vera Guimarães (Brasil) / Cheryl McClure (Estados Unidos) / Christian C. Serey (Chile) / Christy Liffmann (Estados Unidos) / Ciaran Maginnis (Irlanda do Norte) / Clara Pechansky (Brasil) / Claudio Braier (Argentina) / Colin Dunlop (Irlanda do Norte) / Connie Van Winssen (Holanda) / Corali Cardoso (Brasil) / Cris Rocha (Brasil) / Cristina Haberl (Brasil) / Cristina Minacori (Argentina) / Cylene Dallegrave (Brasil) / Cyrillo Crestani (Brasil) / Dagmara Wyskiel (Chile) / Dale MaWhinney (Irlanda do Norte) / Daniel Boyer (Estados Unidos) / Deirdre McNeill (Canadá) / Eda Lani Fabris (Brasil) / Edi Daudt (Brasil) / Edna Cantoral (México) / Egidio Kieling (Brasil) / Elia Weschenfelder (Brasil) / Eliane Bruél (Brasil) / Eliane Magnani (Brasil) / Eliane Maria Fagundes (Brasil) / Eliane Santos Rocha (Brasil) / Elizabeth Gloeden (Brasil) / Elizete Ubirajara Silva (Brasil) / Els Van Asten (Holanda) / Ena Lautert (Brasil) / Estela Leyton (Chile) / Esther Bianco (Brasil) / Flavia B. Antoniolli (Brasil) / Francesca McClure Smith (Brasil) / Frits Droog (Holanda) / Georgia Grigoriadou (Grécia) / Gislaine Canosa (Brasil) / Guadalupe Victorica (México) / Helena Kanaan (Brasil) / Hilda de Mattos (Brasil) / Hilda de Urrutia (Argentina) / Içára Pinto Souza (Brasil) / Ineke Smienk (Holanda) / Imeritta Passos (Brasil) / Iná Prolo (Brasil) / Inês Benetti (Brasil) / Ivone Rizzo Bins (Brasil) / Jacira Fagundes (Brasil) / James Foster (Inglaterra) / Jeanete Köhler (Brasil) / Joan Desmond (Estados Unidos) / Johannes Gérard (Holanda) / José Castillo (México) / José Carlos Moura (Brasil) / José Francisco Alves (Brasil) / Josiane Costa De Boni (Brasil) / Juan Carlos Castillo (México) / Juliana Camerini (Brasil) / Karen Axelrud (Brasil) / Kátia Costa (Brasil) / Kiki van der Heiden (Canadá) / Laura Castilhos (Brasil) / Lecy Fischer (Brasil) / Letícia Costa Gomes (Brasil) / Lia Gomes de Freitas (Brasil) / Liana Timm (Brasil) / Luci Diefenbach (Brasil) / Luiza Fontoura (Brasil) / Lukie de Bree (Holanda) / Márcia Marostega (Brasil) / Margaret Bressani (Brasil) / María Fernanda Giraudo (Argentina) / Marihê (Brasil) / Maria Leda Macedo (Brasil) / Maria Lucina Bueno (Brasil) / Maria Luiza Cangeri (Brasil) / Marília Angela Ferrari (Brasil) / Marion Lunke (Brasil) / Marisa Herzlo (México) / Maristela Winck (Brasil) / Marlene Kozicz (Brasil) / Milena Gutiérrez (Colômbia) / Milton Morales (Colômbia) / Mónica Maiocchi (Chile) / Nara Sirotsky (Brasil) / Neca Sparta (Brasil) / Ney Caminha (Brasil) / Nilza Dezordi (Brasil) / Nina Camplin (Inglaterra) / Norma Ascencio (México) / Oscar Salamanca (Colômbia) / Paola Ferraris (Chile) / Paulina Eizirik (Brasil) / Penny Richardson (Canadá) / Perla Graeff (Brasil) / Philip Robertson (Estados Unidos) / Raul Albanece (Argentina) / Rejane Wagner (Brasil) / Ricardo Wittmann (Brasil) / Roberto Schmitt Prym (Brasil) / Rogerio Livi (Brasil) / Rosana Almendares (Brasil) / Roseli Corrêa (Brasil) / Ruben Torres (México) / Sandra Nunes Lages (Brasil) / Sandra Zir (Brasil) / Sheila Hogge (Espanha) / Simone Muller de Faria (Brasil) / Solange Caldas (Brasil) / Suzane Wonghon (Brasil) / Suzel Neubarth (Brasil) / Sylvia Camargo (México) / Sylviane D’Isangel (França) / Tamara Valdovino (Chile) / Teresa Ortuzar (Chile) / Valentina Piqué (Brasil) / Vanessa Bistrain Reis (México) / Vânia Kwitko (Brasil) / Vera Braconnot Soares (Brasil) / Vera Protti (Brasil) / Vimarie Serrano (Porto Rico) / William Steinhurst (Estados Unidos) / Zélia dos Santos (Brasil) / Zoravia Bettiol (Brasil)
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