performance realizado en la ciudad de Pereira (Colombia) entre noviembre y diciembre del 2007. en el cual la artista plantea el amor como remedio a la violencia y la indiferencia simbolizado en caramelos envueltos cuidadosamente en papel rojo dando la apariencia de una rosa, este es es remedio simbólico de amor contra la enfermedad de la violencia y la indiferencia.
La intencionalidad de este performance es tocar y crear conciencia en la población del desamor que esta carcomiéndonos, cada día mueren personas a causa de la intolerancia, la negligencia y el rencor que se hace notar en las páginas judiciales de los periódicos. El desamor que se vive en el núcleo de nuestras familias Risaraldenses podría llamarse “conflicto de desamor interno” además del conflicto armado que nos azota tenemos a este, silencioso como un cáncer que lentamente está devastando nuestra sociedad. La sociedad actual vive agitadamente en sus rutinas del diario vivir, tal parece que las emociones como las demostraciones de afecto entre esposos, padres e hijos han desaparecido; el mismo avance tecnológico que conlleva las nuevas formas de relaciones interpersonales como el internet, hacen más mediáticas dichas relaciones, más flexibles menos exigentes y si ya no se quiere más solo basta con apretar la tecla “supr”. Una extrema urgencia existe hoy por hoy en el mundo a causa de que el amor es una “cosa” que está en vía de extinción puesto que la individualidad, el egocentrismo, el egoísmo y el hedonismo hacen parte del mundo actual. Ya no se quiere, ya no se ama alguien decía que la cura para todos los males del planeta era fomentar en amor en todas sus variantes, el amor entre esposos se ha perdido, muchos se casan más que por amor lo hacen por que es un negocio rentable, ya la dinámica de la conquista ha quedado enterrada bajo muchos metros en el olvido, el tema del “que oso” es el que ha hecho perder la práctica de la mal llamada “cursilería” que en pocas palabras es el cortejo entre pareja. La chocolatina, la flor, el osito de peluche, las tarjetas, la cogidita de mano para muchos a quedado desdibujado en el exilio. Ahora bien en el tema entre padres e hijos el desamor es aún mayor, la ingratitud y la intolerancia y el irrespeto son los que mandan en este partido. “por todas partes de propaga la ola de deserción, despojando a las instituciones de su grandeza anterior y simultáneamente de su poder de movilización emocional. Y sin embargo el sistema funciona, las instituciones se reproducen y desarrollan, pero por inercia, en el vacío, sin adherencia ni sentido, cada vez más controladas por los “especialistas”, los últimos curas, como diría Nietzsche, los únicos que todavía quieren inyectar sentido, valor, allí donde ya no hay otra cosa que un desierto apático. Por ello, si el sistema en el que vivimos se parece a esas capsulas de astronauta de las que habla Roszak, no es tanto por racionalidad y la previsibilidad que inspiran como por el vacío emocional, la ingravidez indiferente en la que se despliegan las operaciones sociales” (Lipovetsky, 2002, p. 36) Hay que reevaluar cuanto necesita el ser humano para sentirse amado, para que hacemos lo que hacemos en la vida si todo se reduce a una misma causa, trabajamos para mantenernos bien (amor propio) y para ayudar a la familia (amor filial) hasta alcanza para darle la mano a un amigo en desgracia (amor fraterno) todo lo que hacemos en la vida, cada sacrificio es para satisfacer nuestras necesidades y las de los que nos rodean. Muchos trabajan y ni siquiera saben para que o por que, solo saben que tienen que subsistir y se olvidan de las relaciones familiares, se olvidan del amor familiar y este es la causa de la desarticulación del grupo familiar, la ruptura de los lazos emocionales entre sus integrantes y el divorcio de las parejas “imposibilidad de sentir, vacío emotivo, aquí la desubstancialización ha llegado a su término, explicitando la verdad del proceso narcisista, como estrategia de vacío”. (…) El sentimentalismo ha sufrido el mismo destino que la muerte; resulta incomodo exhibir las pasiones, declarar ardientemente el amor, llorar, manifestarse con demasiado énfasis los impulsos emocionales. Como en el caso de la muerte, el sentimentalismo resulta incómodo; se trata de permanecer digno en materia de afecto, es decir discreto (Lipovetsky, 2002, p.p. 76-77) Lipovetsky, G (2002). La Era Del Vacío. Barcelona: Editorial ANAGRAMA, S.A.

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